Ansiedad o tristeza que antes no aparecía
Cuando todo empieza a cambiar, no tiene que ser en silencio.
La pre-adolescencia trae preguntas nuevas: cómo ser tú mismo, cómo encajar, cómo manejar lo que se siente raro. Aquí encuentran un grupo que pasa por lo mismo.

El cuerpo cambia, la identidad se mueve, los padres dejan de ser la brújula.
Entre los 11 y 13 años todo se acelera: el cuerpo, la voz, los gustos, los referentes. Empiezan las primeras crisis de autoimagen, las primeras comparaciones con filtros de redes, las primeras discusiones fuertes con los padres.
No están para ser tratados como niños, ni tampoco como adolescentes. Necesitan un grupo que los reconozca en el entremedio.
Con el humor, la confusión y la intensidad que viene con esta edad.
Cuando alguno de estos patrones aparece y persiste.
Conflicto creciente con los padres
Problemas de autoimagen o con el cuerpo
Uso problemático de redes sociales
Aislamiento o pérdida de interés en lo que antes gustaba
Ansiedad escolar o caída repentina de rendimiento
Seis objetivos, adaptados a esta etapa.
Autoestima
Construir autoestima más allá del cuerpo y de las redes.
Autonomía
Tomar decisiones propias sin romper con los padres.
Resolución de conflictos
Manejar choques con padres, profesores y amigos.
Asertividad
Poner límites incluso cuando el grupo empuja.
Relaciones interpersonales
Amistades reales, que sostienen — no solo las de WhatsApp.
Conexiones emocionales
Nombrar lo que sienten cuando ni ellos lo entienden.
Metodología ajustada a la edad.
A esta edad la palabra manda. Menos juego simbólico, más conversación real. Trabajamos con temas que les interesan — no los que creemos que deberían interesarles.
Quiénes lideran este grupo.
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